Anoché soñé que era un Coronel...
Durante 37 años había estado al mando de mis soldados y siempre disfrutaba como, al querer interpelarme, todos exclamaban con elocuencia, respeto y fuerza:"¡Coronel!". ¡Realmente lo disfrutaba! ¡Coronel era mi verdadero nombre! ¡Y más disfrutaba cuando por la mirada de mis soldados se sentía ese aroma a miedo como a humedad!
En ninguna ocasión, ninguno de mis soldados o mayores, me llamaron de ninguna otra forma que Coronel; todos ellos sabían que ese era mi orgullo.
Mi vida era controlar mi ejército y no habían "instantes" para pensar en cuestiones subjetivas e innecesarias como el amor, la felicidad, una esposa, hijos o amigos. Sólo era importante lo inmediato, lo placentero y efímero, lo infinito: sexo, ginebra y el sonido de las armas, que eran mi droga y melodía.
En mi sueño no tuve detalles de como eran mis días, ni recuerdos de batallas o misiones, prácticamente no tuve un sueño, sino una imagen de ser un Coronel, acostado en una cama en una habitación oscura, y pensar sus pensamientos y sentir sus sensaciones. Algo seguro es que yo era él porque miraba a través de sus ojos, a través de la oscuridad, hacia el umbral de una puerta que emanaba luz de madrugada. ¡Qué cuerpo pesado tenía! ¡Qué alma inexorable! ¡Qué mente vaga! Aún con resaca y aliento a licor y mujer de una noche. ¡Qué orgulloso me sentía -él- de ser todo un verdadero Coronel!
Cómo es que de repente, se abre la puerta, aparece una mano seguida de un cuerpo curvado, prende la luz y me dice, con aires de conocerme de toda la vida: "Eduardo, llegarás tarde al trabajo".¡Vaya sorpresa cuando miro mi cuerpo y me doy cuenta, por ayuda de la luz y de las verdades universales que ofrecen los sueños, de que yo no era un Coronel, ni él, el Coronel, tampoco! Entonces salí de ese cuerpo para mirar la escena en tercera persona de ellos dos juntos antes de que él, ese hombre común de quien yo estaba seguro de que no era un Coronel, exclamase: "¡Cómo te atreves a nombrarme de esa manera, yo soy Coronel!" e inmediatamente cogiera un revolver de al lado de su almohada y le zampara una bala en su cabeza...
Se recostó en su cama y yo me metí otra vez en su cuerpo; sí, definitivamente no era un Coronel; sí, definitivamente yo estaba soñando. Pero ahora yo no quería despertar porque tenía miedo -¡inmenso, abrumador, carnívoro!- de asesinar a alguien por hacerme saber que no soy un Coronel.
Por desgracia no tuve el placer de soñar aquella historia, pero sí el placer de imaginarla. Crearé muchas más, pero estaré retirado de mi PC durante 20 días más o menos. Añadiendo el tiempo que estuve fuera de este blog, ya esto es un descaro, pero ¡qué mas hago si me tocó ser humano! (¡taran pish! ¿?).
Quedan comentarios abiertos, será gratificante verlos cuando vuelva.
Hasta la próxima.

venga hermano! a mi que no me digan que no soy jesus!
ResponderSuprimira que me estrello contra un muro, pero que importa! si yo soy jesus, yo paso muros, levanto tullidos, camino en agua, y la fermento con mis manos fermentadoras (será que están sucias?) pues no se porque yo también "abro los ojos de vez en cuando"
vamos a crear historias con pedazos de papel o de sicalipsis
y hacemos gárgaras con el agua
y contamos con los dedos
y apagamos el mundo con los parpados
y trapeamos con traperos.
y si no me entendió, pues maravilloso, disfrútelo.
hasta luego en la cibernetica, hasta pronto en la viva.
Era de esperar
ResponderSuprimirEra de esperar
Era de esperar (Bis)x2
Me gusto bastante! Tus palabras se convierten en organismos vivos que nada tienen que ver con los diccionarios...
Espero más!
Hay cositas con la redacción, pero siempre es bueno leer a los antiguos.
ResponderSuprimir¡Buen trabajo!
Deseos de imaginación...
Espero más
Me gusta bastante
ResponderSuprimirPor aquí he estado leyendo y me entretiene bastante.
Si, y donde?
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