sábado 29 de mayo de 2010

SER MOMENTÁNEO

Los "seres vivos" poseen un ciclo natural: nacer, crecer, reproducirse y morir. Los "seres muertos" también poseen uno: morir, descomponerse, esparcirse y desaparecer. Sin embargo, tanto el uno como el otro, no suceden siempre en esa secuencia lógica y tampoco son muy comunes cuando nos percatamos de la realidad.

En cuanto a "los vivos", nacer es primero, y lo consideramos un hecho, hablando de los humanos, cuando el bebé sale del vientre materno. Por supuesto, esta interpretación de nacimiento es meramente denotativa, pues desde que un espermatozoide -esos cositos con la cabeza grande que nadan con la cola- serpentea perseverante por llegar a un óvulo -esa bolita roja que ha sido expulsada de su clan- y consigue atraparlo, ya hay un nacimiento.

En ese instante comienza el ciclo de "los vivos" y en ese mismo instante podría finalizar. El avance social -dudoso-, científico y tecnológico -indudables- le ha permitido a los humanos encontrar las formas más adecuadas para realizar nacimientos seguros y efectivos; así mismo -acción-reacción- ha hecho posible utilizar las formas más potentes y certeras para asesinar y frenar el ciclo "natural" de vida.

Desde el principio existe la amenaza del aborto -del que tengo una opinión a favor, pero no quiero expandirme en este escrito-. Luego, si no se realiza un aborto que es lo común, el ser podrá seguir vivo si consigue establecerse dentro de una familia -el primer monstruo positivo social- o, al menos, si consigue quedar huérfano bajo un hogar infantil; de no suceder así, tendrá que existir en las calles y ser un prodigio para lograr adquirir estabilidad -económica, social, amorosa-, que es factible, pero el modelo social lo impone como imposible (¡la cacofonía es a propósito!), o de lo contrario, sucumbirá entre las drogas, el hambre, el dolor y/o el olvido.

 

Todos se encontrarán en las calles -los niños, los adultos, los pequeños, los grandes, los dichosos, los olvidados, los ricos, los pobres, los corruptos y... pues los entes- y tendrán que sobrevivir a balas perdidas que se envían unos contra otros o a balas que no van perdidas y se encargan de aproximar la muerte y alejar la moral y la ética. De nuevo se frena el "ciclo natural de vida". Se agradece a la tecnología por facilitar el trabajo y los condicionamientos sociales por hacer estos comportamientos obligatorios.
Para evitar esto, desde sus familias -advertí que son monstruos positivos- les enseñan a actuar con cautela, pensar-actuar, ser consecuentes, mirar como águilas, correr como gacelas, escabullirse como topos y protegerse como tortugas... ¡Bah! Ese comportamiento lógico no funciona en una sociedad ilógica, sino que debe modificarse y adaptarse a su dinamismo irreverente, por tanto,  la manera adecuada -con modificaciones de acuerdo al espacio- de abordar las calles y su inminente peligro es actuar con insensatez mesurada creativa, o sea, ser unos rebeldes con causa, juicio y propósito.

Actuando así, al menos alcanzarán a reproducirse y enseñarles a sus hijos -ojalá de manera renovada y evitando los comportamientos anacrónicos-  el camino para alcanzar un "ciclo natural de vida". Y después de  reproducirse, la muerte es la siguiente en el ciclo y la manera en que llegue es -como siempre- impredecible y preocuparse por ella sería tarea vana.
Podemos nacer hoy, morir hoy, quizás mañana y por ello es necesario aprender a vivir cada momento, porque el ciclo natural de los seres humanos en la sociedad actual  no es como el de  todos los seres vivos, sino que se reduce a dos  simplezas: nacer y morir y entre ellas están las circunstancias que construyen nuestra vida.

En cuanto al ciclo de los seres muertos, este es sencillo. Por mucho que profanen  tumbas -para los creyentes- o comercialicen ilícitamente los cuerpos o algunas partes las dejen en tarritos con agua para que otros las usen -eso me gusta- nunca podrán detener su consiguiente descomposición, esparcimiento entre larvas, gusanos, plantas y demás y, finalmente, su natural desaparición del mundo visual.

¡La muerte es hermosa, es perfecta! 
Pero prefiero la vida porque puedo vivirla y luego morirla.


Pensando en la cotidianidad que nos absorbe hasta el punto de despojarnos de la levedad de nuestra imaginación y cambiarnos la sorpresa por costumbre, intento expresar la vida en sus minuciosidades, en sus detalles desapercibidos que conforman nuestra realidad: y lograr que nuestro Ser disfrute los Momentos valiosos de su existencia...


No escogí ser un "Ser Momentáneo", se me hizo necesario para vivir.

1 comentarios:

  1. ¡Comento!
    Y no me hable de usted, que cuento con sólo 17 abriles.
    Te he encontrado por mera casualidad, como se suelen encontrar estas cosas.
    Así que momentáneo, ¿eh?
    No te diré que es algo nuevo, pero tampoco lo es la vida en sí. En fin, venderse a lo inmediato es perderse. Huir de las punzadas de las agujas del reloj ( y mil "de" más), escupir a la caja de cartón indiferente, monótona, que intenta encerrarnos. Todo eso que tú sabes y yo se, aunque las circunstancias casi no me dejen llevarlo a la práctica. Libertad es utopía, pero utopía -he leído por ahí- es cambio, ¿no? y cambio es vida. Yo qué se. Como este blog es del año pasado nadie lo leerá, y como soy anónima, pues qué más da. Hablar sola es divertido, en realidad.

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Agradezco su intrepidez y la defenderé si así lo merece: ¡Comenta!